EMT cumple sus 60 años: algunas experiencias personales propias

Más de uno nos gustaría llegar a los 60 años con una salud envidiable, pero lo cierto es que no estamos hablando de una persona sino de una empresa, la empresa municipal de transportes de la capital malagueña.

Pero todo no es oro lo que reluce, ya que la ciudad de Málaga no cuenta con suficientes carriles exclusivos para autobuses, además de que los precios del servicio son algo caros, aunque por suerte, desde el mes de Enero de este año podemos hacer trasbordo a otras líneas de manera gratuita durante una hora.

Por mi movilidad por la ciudad, casi siempre uso el transporte público, y me he encontrado con todo, desde líneas impuntuales y conductores auténticamente bordes a líneas con mejores frecuencias y conductores que dan gusto conocer, como uno muy simpático que tenía la línea 8.

Y como las flores ya se la echarán las publicidades y homenajes, yo quiero resaltar la faceta negativa, me gusta ser abogado del diablo :P . Dentro de las líneas que he usado, la que más me ha llegado a desesperar ha sido la línea 22, ya no sólo por su insuficiente frecuencia sino además por algunos conductores.

El primer incidente que tuve con un conductor fue a principios de los 90, cuando estaba en diurno en el politécnico Jesús Marín, y fue en la parada de la línea 20, situado por entonces en la rotonda del clínico, cuando un día vino el autobús, se bajaron los pasajeros y los que en ese momento nos disponíamos entrar en él. El problema es que el conductor abrió la puerta de entrada, fui a entrar y a cancelar mi viaje, por aquel entonces usaba el bono bus de cartón. La canceladora no me picó el viaje y el conductor me echó la bulla indicándome que “yo tengo musha bulla”, así, tal cual. El conductor se parece mucho al humorista Paco Aguilar. Espero que le hayan abierto un expediente.

El otro incidente con un conductor fue con un conductor de la línea 22. Ocurrió hace ya más de cinco años, y observé como al bajarme de la línea 22 a la altura de Porcelanosa, en la Carretera de Cádiz, ví como el autobús tiró por la Avenida de los Guindos, con el cartel de la línea aún puesto. En otra ocasión me bajé en la última parada de la línea 22 y antes de bajarme le pregunté al conductor, indicándole lo que ví. Me trató como a un mentiroso y con un tono algo elevado. La amabilidad del conductor brilló por su ausencia. Claro que días más tarde lo puse verde en la caseta que tiene la EMT en la Alameda Principal, viendo al inspector que se contuvo de mandarme a la mierda ante mi puteo.

Por lo demás, mis quejas han sido referente a las frecuencias de las líneas, sobre todo, en días festivos, además de la discriminación que tenemos lo de la zona de Teatinos con su transporte nocturno. Claro que siempre que los ciudadanos sugerimos mejoras, vienen con la cantinela de que se va a hacer una línea de metro y la EMT dispone de recursos limitados. No falla, y para colmo, parece que debemos de esperar a que hagan las líneas de metro y las ponga en funcionamiento, y mientras, los responsables no se estrujan el cerebro en mejorar las demandas actuales, haciéndonos esperar algunos años para ver esas mejoras.

Lo que si es cierto es que, por la parte positiva, la EMT dispone de una flota moderna y adaptada a discapacitados, y los nuevos conductores si suelen ser más amables que lo que fueron los más veteranos. De hecho me acuerdo de encontrarme un día con un conductor sordo, así me lo indicaron varios usuarios, y no me paró en la parada solicitada, a la altura de Carranque en la Avenida de Andalucía, con lo que me dirigí hacia él haciendo señas a la luz de parada solicitada, que estaba encendida.

En fin, espero que se dejen de zarandajas y mejoren el servicio como corresponde a una ciudad como Málaga, a ver si entre una cosa y otra salimos del catetismo urbano que tenemos encima.

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